Arqka Arquitectura Biológica y Geometría Sagrada



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Extracto del libro "Arqka Arquitectura Biologica y Geometria Sagrada" de Arturo Ponce de León, Ninón Fregoso y Michael Rice" Adquierelo aquí

®Todos los derechos reservados. Autor del documento: Arturo Ponce de León para Arqka México. Colaboración: Ninón Fregoso.Se autoriza la reproducción del material contenido en este sitio siempre y cuando se cite la fuente y se respete la integridad del texto.

Artículo 1: El macrocosmos y nuestro planeta tierra.


Nos encontramos embonados en el planeta Tierra que se encuentra flotando en el espacio/tiempo y envuelto en la fuerza gravitacional del Sol lo recorre a una velocidad promedio de 29,8 km/s, eso es 107,380 kilómetros por hora. Una velocidad tremenda que no percibimos. A su vez el Sol se mueve dentro de la galaxia a una velocidad media de 220 km/s, convertido a kilómetros por hora ¡son 792,000! Nos movemos realmente rápido en nuestros parámetros de velocidad humana, sin embargo, nuestro rango de percepción sensorial nos impide ser conscientes de ello.

Si dibujamos este movimiento nos daremos cuenta que el planeta no gira en torno al Sol describiendo una órbita elíptica. Esta concepción que nos acompaña desde pequeños es errónea. ¿Por qué? Porque el Sol también se está moviendo sobre la Galaxia, lo cual nos deja un patrón de movimiento en espiral donde el planeta Tierra nunca regresa a tocar el mismo lugar físico. Un año terrestre o una vuelta de la Tierra al Sol jamás es una vuelta. Es un traslado de un punto hacia otro punto en el espacio. Un lugar completamente diferente. Si visualizamos esta idea lo proyectaríamos como un giro en espiral, un caduceo de los planetas haciendo un vórtice en el espacio.

Esto no permite entender tres conceptos fundamentales: la materia, el espacio, el tiempo. Los tres conceptos son indisociables. Están íntimamente imbricados y depende el uno del otro. Podemos metaforizar la materia como el planeta Tierra, ese punto físico que gira en el espacio. El espacio es el lugar físico en el cual gira la materia. Es materia de menor densidad. No es un lugar desprovisto de materia. Es materia menos densa. Y el tiempo es el giro. El tiempo es el acto de rotar. Es la transformación de la materia conforme avanza en el espacio. De tal forma que estos tres conceptos no son abstractos. Son siempre físicos, materiales.

Hay que introyectar que todo en el Universo está hecho de la misma sustancia pero con diferentes niveles de densidad. Imagina un mar hecho con diferentes viscosidades pero evidentemente todo el mar está compuesto de agua. En la física real ese mar, esa sustancia, está hecha de 70% de energía oscura, 26% de materia oscura y 4% de la materia como la conocemos, incluyendo todas las estrellas, planetas y nosotros

mismos.

Así el planeta “materia” gira en el espacio “materia menos densa” y crea el tiempo “materia transformada”. El tiempo se puede ver físicamente en la materia. No es un concepto abstracto. Es un hecho físico. El planeta Tierra al girar produce un campo electromagnético de forma toroidal (como una manzana) muy poderoso que protege la atmosfera y con ello la vida orgánica, esa delgadísima capa donde vivimos.

Es tan delgada en proporción como lo es el grosor de la cáscara de una manzana en proporción a la manzana entera. Sobre esa capa vivimos la inmensa mayoría de seres vivos conocidos. La magnetosfera choca con el viento solar y genera una esfera de plasma en los cinturones de Van Allen que podemos apreciar como las auroras boreales en el hemisferio Norte y las auroras australes en el Sur.

En la magnetosfera encontramos los cinturones de Van Allen exteriores e interiores así como las orbitas de los satélites GPS o satélites de geo localización. Ahí encontramos una inmensa cantidad de satélites que tejen una red de frecuencias artificiales. Sobre la superficie del planeta Tierra encontramos diferentes retículas que han sido descubiertas por científicos observadores de patrones y constantes. Buscando una respuesta para explicar el porqué de la localización de monumentos gigantescos, templos o zonas de distorsión espacio/temporal se han aventurado en mapear posibles rutas geométricas que tejan el mosaico terrestre.

Una retícula terrestre es una estructura funcional que refleja patrones con un arreglo específico entre sus elementos y su relación, dando un sentido de orden, coherencia e información. El capitán Bruce Cathie, un piloto e investigador prolífico de Nueva Zelanda teorizó acerca de los patrones armónicos de pulso reticular sobre una plantilla octaédrica. El Dr. Hurtak, filósofo y científico social planteó la existencia de una retícula icosaédrica que conecta zonas de distorsión espacio/temporal. También, el renombrado diseñador, arquitecto y visionario B. Fuller, diseño una retícula icosaédrica para visualizar el planeta Tierra. El ensayista R. Hoagland, describe un tetraedro circunscrito en una esfera, donde si disponemos sus vértices en el polo Norte y en el polo Sur cortan la esfera en la latitud 19.5 grados respectivamente.

Tres científicos rusos, N. Goncharov, V. Morozov, V. Makarov, trabajaron directamente para crear una retícula icosa/dodecaédrica y lo publicaron en la revista científica “Khimiyai Zhizn” (Química y Vida). William Becker y Beth Hagens en su libro “La retícula planetaria - una nueva síntesis” publicaron este trabajo y lo fractalizaron. Hicieron un patrón geométrico donde obtuvieron 62 puntos importantes planetarios. Estas nuevas líneas y puntos encajan con las zonas de fracturas sísmicas y las líneas de los océanos así como los niveles altos y bajos atmosféricos mundiales, los patrones migratorios de los animales, las anomalías gravitaciones e incluso las ciudades antiguas.

El Dr. en Ciencias E. Ortiz propuso una retícula deca-delta para localizar zonas arqueológicas y asentamiento humanos importantes. En su libro “Geometría Sagrada Red de Conciencia Crística y Centros de Poder, 1997” describe detalladamente cada uno de estos lugares. Basándose en el decágono, que es la proyección de un dodecaedro, y los triángulos áureos que surge del mismo, encontró armónicos reticulares a 144 grados, de importancia fundamental para explicar zonas de intercambio de información.

Cuando diseñamos retículas geométricas buscamos encontrar la mayor concordancia con fenómenos físicos, descubriendo la red invisible y patrón geométrico que los teje. De esta forma la localización de cada uno de sus vértices se hace indistintamente para embonar de la mejor manera posible el conjunto de trazos. Así tenemos diferentes tipos de retículas en base a su nivel de fractalidad y origen geométrico.

De esta forma diversos lugares de poder militar o político en el planeta han sido ubicados estratégicamente para tener acceso a estas retículas. Tal es el caso del Pentágono en Washington, USA que es ubicado como un punto de la red dodecaédrica fractal con el objetivo de transmitir información de formas de onda a la misma. No es casualidad que la mayor cantidad de bases militares de diferentes gobiernos y naciones se ubican en los nodos de estas redes.

Hay diferentes capas terrestres que conforman nuestro planeta. De mayor a menor nivel de densidad y de complejidad geométrica, los cinco elementos tienen vínculo directo con los cinco solidos platónicos y con los cinco toroides humanos.

De tal manera que el fuego le corresponde la barisfera, el más denso (el núcleo del planeta) y está relacionado al tetraedro a nivel geométrico y al toroide sexual en el ser humano, la atracción bioquímica y electromagnética. El elemento tierra le corresponde la litosfera (la corteza) y está vinculado al hexaedro a nivel geométrico y al toroide motriz, las capacidades de movilidad e inmovilidad del Ser Humano. El aire como elemento se vincula a la atmosfera, al octaedro y toroide intelectual o las capacidades de sintetizar y analizar información racional. En cuarto lugar vemos el elemento agua relacionado a la hidrosfera y al icosaedro con una liga al toroide emocional en el Ser Humano, es decir, a las capacidades para hacer un movimiento energético. Emoción significa retirar o hacer mover algo que uno saca de su estado habitual. Y finalmente, el Éter, o el elemento madera para la tradición Oriental, está vinculado con la Biosfera, el dodecaedro y el toroide instintivo, las reacciones fisiológicas del cuerpo.

Mucho nos queda como seres humanos por descubrir del planeta en el que vivimos. Existen diversas y contrapuestas hipótesis sobre las capas que lo conforman. Desde un núcleo solido interior en modelos geodinámicos y geoestáticos hasta la hipótesis de una agujero negro o singularidad cósmica en el centro del planeta. Literalmente un agujero negro/blanco como fuente de energía. Una singularidad que sirve como puente de enlace con otras singularidades en el cosmos. El físico N. Haramein sostiene esta hipótesis como lo publicó en el año 2013 (Nexus, número 89, 2013).

En la renombrada revista Science (vol. 344, 2014) encontramos que científicos han encontrado la evidencia de un océano por debajo de la corteza terrestre. El estudio llevado a cabo por investigadores de la Northwestern University y la University of New México han concluido que hay un cuerpo de agua tres veces más grande que nuestros océanos localizado en una franja de 410 a 660 kilómetros abajo de la corteza terrestre y que está conectado con los océanos. El estudio indica también que el agua no está en el típico estado líquido, solido o gaseoso sino está atrapado en el manto rocoso contenido por un mineral azul llamado ringwoodita. Este mineral tiene una estructura similar al cristal que actúa como esponja atrapando el líquido.

Inscribiendo un doble tetraedro en una esfera, este la corta en la latitud 19.5 grados Norte y Sur. Y es en justamente en esta latitud donde encontramos en los planetas zonas de implosión/explosión de energía así como anomalías cósmicas difícilmente explicables si no consideramos la geometría como eje rector del Universo. En el planeta Tierra la latitud 19.5 grados está relacionada al movimiento del magma. Encontramos la mayor actividad volcánica en esta latitud, el Mauna Loa en Hawaii, la Sierra Volcánica Transversal en México, la Pirámide del Sol en Teotihuacán México; la zona arqueológica de Dzibalchen en México, Georgetown en la Isla Gran Cayman, el Monte Emi Koussi en Chad África, el monte Kalsubai en India, montaña cerca de Xiangkhoang Laos, montaña cerca de Potosí, Bolivia, Volcán Yasur en la Isla Tanna en Vanuatu, el monte Samuel en Australia, el monte Gweru Zimbabwe en África.

En el Sol en la latitud 19.5 encontramos la mayor actividad de explosiones termonucleares. En la Luna el único mar de lava. En Venus tanto en el Norte como el Sur una inmensa región de volcanes. En Marte el Mons Olympus 3 veces más grande que el Monte Everest. En Júpiter una enorme vórtice atmosférico. En Saturno al norte y al sur una gigantesca región de tormentas. En Urano una zona de origen de nubes de gran altitud. Finalmente, en Neptuno encontramos una gran mancha negra que es un enorme vórtice atmosférico. Este patrón tetraédrico nos indica el lugar por donde entra y sale energía en cualquier cuerpo celeste.