Arqka Arquitectura Biológica y Geometría Sagrada



Sigue

Extracto del libro "Arqka Arquitectura Biologica y Geometria Sagrada" de Arturo Ponce de León, Ninón Fregoso y Michael Rice" Adquierelo aquí

®Todos los derechos reservados. Autor del documento: Arturo Ponce de León para Arqka México. Colaboración: Ninón Fregoso.Se autoriza la reproducción del material contenido en este sitio siempre y cuando se cite la fuente y se respete la integridad del texto.

Artículo 16: Mapeo de fenómenos geobiológicos y mediciones científicas.


Los fenómenos geobiológicos que se pueden detectar u observar en un terreno son los pozos subterráneos, fracturas geológicas, vegetación, rocas, acantilados, ríos, lagos, caminos, norte magnético y otros elementos del subsuelo que pueden provocar tanto alteraciones electromagnéticas locales en la vertical de dichos fenómenos, como cambios en los niveles de radiación ambiental. En la vertical de estos fenómenos emanan, por la ley de mínima resistencia, todo un conjunto de energías procedentes del subsuelo, fuertes radiaciones gamma e incluso gases radiactivos. Esto tiene efectos ionizantes en la atmósfera de la superficie, y también influye en el campo magnético de nuestro entorno, provocando variaciones de diferente magnitud.

Las corrientes de agua subterránea, acuíferos, bolsas de agua, sumideros y filtraciones llenan cavidades del subsuelo y circulan por galerías subterráneas, pero también ocupan los poros y grietas del subsuelo. Su presencia bajo el suelo que pisamos disminuye el valor del campo magnético terrestre y aumenta la radiación gamma (radiactividad), además de provocar intensas variaciones en la ionización del aire. Su área de influencia va en función del tamaño de su caudal: cuanto mayor sea este, más amplia será la zona afectada en la superficie.

Los fenómenos telúricos que pueden detectarse para su posterior evaluación son la espiral de vórtices, el camino cosmotelúrico, líneas concéntricas, corrientes de ríos subterráneos, corriente telúrica, camino positivo y negativo, punto telúrico positivo y negativo para la vida orgánica. Las redes telúricas tanto en su polaridad positiva como negativa que pueden mapearse son la Red Hartmann, Red Curry, Red Peyre, Red Palm, Red Wissmann.

Con personas muy entrenadas para ello se podrían detectar fenómenos sutiles como puertas interdimensionales, esferas de conexión tubular, cuadrados mágicos, barreras mágicas, como acertadamente lo ha investigado por mas de treinta años, el arquitecto suizo y geobiologo S. Cardinaux. Sobra decir que la medición de estos últimos fenómenos sutiles no corresponde a una percepción científica y está sujeta a la percepción del radiestesista y por tanto se presta a charlatanería en la gran mayoría de los casos.

En todos los casos se establece un valor bioenergético para ello. También podemos encontrar radiactividad ambiental procedente de las rocas y materiales del terreno, que con frecuencia puede traducirse en grandes concentraciones de gas radón, una sustancia altamente cancerígena, según la Organización Mundial de la Salud.
Lo que se busca con un estudio geobiológico son el conjunto de factores geofísicos que pueden influir en nuestro hábitat, y las variaciones en el campo magnético y eléctrico de nuestro entorno. Ya que nuestros órganos vitales funcionan mediante mecanismos electromagnéticos, las variaciones electromagnéticas en nuestro entorno cotidiano interfieren con nuestros ritmos vitales y pueden debilitar o fortalecer nuestra salud.

Si se combinan varios de estos factores geopatógenos, como una corriente de agua subterránea, una línea Hartmann y un cruce Curry, el efecto nocivo de la zona será mucho mayor. Tenemos que observar también la radiactividad, que es un fenómeno físico natural que se produce cuando en la estructura atómica de cualquier sustancia no existe un balance correcto entre protones y neutrones. El físico francés Henri Becquerel descubrió este fenómeno en 1896 al constatar que ciertas sales de uranio emitían radiaciones espontáneamente y velaban las placas fotográficas envueltas en papel negro. Más tarde, el matrimonio Curie encontró otras sustancias radiactivas como el torio, el polonio y el radio. Marie Curie recibió en 1903 el Premio Nobel de Física, y fue la primera mujer en obtener tal galardón, por sus estudios sobre la radiactividad.

Vivimos en un medio ambiente radiactivo. Nos llega radiactividad natural procedente del cielo (radiación cósmica), del aire que respiramos (que contiene carbono y puede contener gas radón) y del suelo (donde puede haber uranio y torio). Nuestro cuerpo también contiene elementos radiactivos: por ejemplo, necesita el potasio para sobrevivir y lo obtenemos de la sal común. Sin embargo, la radiactividad natural se convierte en un riesgo para nuestra salud cuando aumenta hasta un grado que nuestro organismo no está preparado para asimilar. Con frecuencia, se registran altos niveles de radiactividad en nuestro entorno cotidiano debido a la composición mineral del subsuelo en zonas localizadas. El terreno que pisamos o sobre el que están edificadas nuestras viviendas puede tener granito, arcillas, etc., que tienen una alta concentración de uranio. Este mineral también está presente en determinados materiales de construcción y decoración, como algunos tipos de cerámicas, o ciertos tipos de cemento.

En su proceso natural de descomposición, el uranio emite gas radón, que está clasificado oficialmente por la OMS como la segunda causa de cáncer de pulmón en el mundo. El resultado es que nuestro hogar o nuestra oficina pueden registrar altos niveles de radiactividad natural y de gas radón sin que seamos conscientes de ello, puesto que el gas radón es inodoro, insípido e invisible. La radiactividad ambiental se puede detectar y medir de forma muy sencilla con un contador Geiger, que localiza las partículas radiactivas del entorno y mide el número de impulsos de corriente eléctrica que produce dicha partícula. También existen métodos sencillos para detectar y medir las concentraciones de gas radón presentes en el ambiente. La primera medida de precaución que debemos tomar en esta situación es garantizar la correcta ventilación diaria del inmueble afectado, sobre todo al nivel del suelo, que es donde se dan las mayores concentraciones de gas radón.

La exposición a radiaciones de baja frecuencia como las que encontramos en líneas de alta o media tensión y transformadores o espacios con una conexión a tierra física deficiente es mucho más habitual de lo que pensamos. Ésta es una de las principales causas de crono-disrupción del sueño. Dicha crono-disrupción puede provocar daños a cualquier nivel del sistema inmune, hormonal o endocrino con las consiguientes consecuencias en la salud. La fatiga continua, irritabilidad, dolores de cabeza matinales, sueño no reparador, pueden ser la voz de alarma a este tipo de exposición. Esta radiación se puede medir con un analizador de espectro de campo electromagnético de baja frecuencia.

Además, tenemos la contaminación electromagnética de alta frecuencia que son emitidos por telefonía móvil, WiFi, DECT (señal de teléfono fijo inalámbrico), en el rango que abarca desde 27 MHz hasta 6 GHz. Los parámetros que generalmente se miden son: niveles de densidad de potencia en µW/m2 en el rango de 800 MHz a 2,5 GHz, niveles de densidad de potencia en µW/m2 en el rango de 2,5 GHz a 6 GHz y un diagrama de radiación del lugar donde se efectúa la medición. Algunas medidas de precaución para disminuir la contaminación electromagnética son eliminar, reducir, alejar, y si no fuera posible, aislar o apantallar la fuente emisora; revisar la resistencia de las tomas de tierra al mínimo posible; sustituir el monitor-tv de tubos catódicos (crt) por LCD, utilizar lámparas LED; instalar sistemas de desconexión eléctrica automática en zonas de descanso con niveles de campo electromagnético alto.