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Arqka Arquitectura Biológica y Geometría Sagrada



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Extracto del libro "Arqka Arquitectura Biologica y Geometria Sagrada" de Arturo Ponce de León, Ninón Fregoso y Michael Rice" Adquierelo aquí

®Todos los derechos reservados. Autor del documento: Arturo Ponce de León para Arqka México. Colaboración: Ninón Fregoso.Se autoriza la reproducción del material contenido en este sitio siempre y cuando se cite la fuente y se respete la integridad del texto.

Artículo 18: Retícula Hartmann.


La Red Hartman es una radiación norte-sur, aparentemente magnética, y una radiación este-oeste, perpendicular a la primera y de apariencia eléctrica. Son radiaciones rectilíneas, por lo que no pueden ser causadas por las distintas influencias telúricas, como la composición del suelo o a la presencia en el subsuelo de fallas o corrientes de agua subterráneas (que son siempre sinuosas y surcan la corteza terrestre siguiendo un recorrido variable), en función de los accidentes del suelo. Cubren nuestro planeta de una red que marca zonas cuadradas neutras, compartimentando el suelo y elevándose en la atmósfera.

Las líneas Hartmann son paredes de energía electromagnética emanadas del subsuelo y extendiéndose verticalmente hasta una altura de 2.000 metros, están en todas partes, tanto en terreno llano como en la montaña, en el agua, en el exterior y en el interior de las viviendas. Se orientan en función de los polos geomagnéticos. Su intensidad y densidad son muy variables, dependiendo de innumerables factores como son la hora del día y los cambios atmosféricos. Se establece una constante de unos 21 cm de espesor. Disposición paralela a intervalos de 2.5 m en las orientadas norte-sur. Disposición paralela a intervalos de 2 m en las orientadas este-oeste. Su armonía o distorsiones nos muestran el grado de equilibrio o de desequilibrio de un lugar o sus alteraciones en un determinado momento. El espesor de las líneas puede ir de 21 a 80 cm durante un eclipse solar o hasta 120 cm durante un movimiento sísmico. Su trazado tiene múltiples ondulaciones, contracciones, accidentes diversos e incluso interrupciones puntuales (Cardinaux: 2016).

Las líneas Hartmann forman paredes invisibles verticales que cubren toda la superficie terrestre. Estas tramas energéticas tienen efecto a una altura considerable y atraviesan cualquier tipo de material, por lo que afectan tanto a las viviendas de planta baja como las de un piso 20 y superiores. En las zonas de cruce de la cuadrícula se forman zonas especialmente geopatógenas, es decir, con efectos potencialmente nocivos para la salud si se permanece en ellas durante muchas horas al día.

Debe su nombre al doctor Ernst Hartmann, licenciado en Medicina por la Universidad de Heidelberg, Alemania, que estudió en profundidad la relación entre la enfermedad y la radiación telúrica. Como médico, Hartmann constató que un porcentaje alto de muerte entre sus pacientes estaba directamente relacionado con geopatías, es decir, con el hecho de haber vivido durante mucho tiempo en zonas con intensas radiaciones naturales. Para estudiar este fenómeno, Hartman hizo más de 150.000 georitmogramas y comparó los niveles de resistencia electro cutánea corporal en pacientes que permanecían cada día durante un rato sobre zonas geopatógenas y los que estaban en zonas libres de alteraciones geofísicas. Los resultados confirmaron las diferencias de reacción entre quienes se exponían a alteraciones geofísicas y quienes descansaban en zonas neutras. Permanecer durante demasiado tiempo en la vertical de algunas de las líneas Hartmann y sus cruces se relaciona con alteraciones en el sistema inmunológico, endocrino y hormonal.

Esto se puede traducir en malestar y desequilibrios tales como el insomnio, cansancio crónico, dolores musculares, estados de ansiedad, hiperactividad, nerviosismo o depresión, e incluso un aumento en la incidencia de determinadas enfermedades degenerativas. Si la presencia de un cruce Hartmann coincide, además, con alguna otra alteración geofísica como fallas o corrientes de agua subterránea, se multiplica el efecto geopatógeno de la zona en cuestión.

Existen tres zonas de irradiación. La primera son las “paredes” en longitud. Su intensidad es demasiado débil para molestar al ser humano. De todos modos, a veces la información radiestésica pone de manifiesto una actividad nociva en su vertical, procedente de una interferencia entre las asimetrías del subsuelo y de la red Hartmann propiamente dicha. La segunda son las zonas neutras. Es la parte delimitada por las “paredes de la cuadrícula”. En su interior se encuentran más armonizadas las constantes biológicas del individuo; se puede decir que es un área particularmente benéfica, donde se pueden recuperar las energías perdidas.

La tercera son los cruces Hartmann. Son las intersecciones de las líneas de fuerza de la red, que forman cuadros de 21 cm de lado, donde la energía es más intensa, se hace notoria y puede ser perjudicial de acuerdo a la polaridad de la línea. Además de ser generadores de enfermedades cuando dichos cruces coinciden con venas de agua subterráneas, fallas geológicas o algún otro tipo de perturbación subterránea.

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