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Arqka Arquitectura Biológica y Geometría Sagrada



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Extracto del libro "Arqka Arquitectura Biologica y Geometria Sagrada" de Arturo Ponce de León, Ninón Fregoso y Michael Rice" Adquierelo aquí

®Todos los derechos reservados. Autor del documento: Arturo Ponce de León para Arqka México. Colaboración: Ninón Fregoso.Se autoriza la reproducción del material contenido en este sitio siempre y cuando se cite la fuente y se respete la integridad del texto.

Artículo 45: Proceso de Diseno Biofractal - Orden geométrico europeo, hindú y fenomenológico por contracción y por expansión .


Hay cientos sino miles de geometrías y derivaciones de las mismas. ¿Por dónde empezar en este mar de posibilidades? Si bien es cierto que todo orden es un orden subjetivo, un marco de referencia nos permite ubicarnos y saber de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos. Es un mapa, no la topografía, del universo geométrico. Y como todo mapa es mejorable, cuestionable y una aproximación a lo indescriptible, la vida misma. Después de casi dos décadas de estudiar los patrones, las formas, las geometrías, de ver y ser visto por las mismas, de escuchar y observar cómo se conforman, se dibujan y desdibujan las dinámicas del espacio/tiempo, de la materia/energía hemos comprendido algo: toda geometría es sagrada y todo lo sagrado es geométrico. Porque toda geometría puede ser fractal y todo lo sagrado puede ser geométrico.

En un principio creíamos que la proporción áurea era más refinada que cualquier otra proporción. Después descartamos esa hipótesis. La naturaleza crea vida utilizando muchas más proporciones que la áurea. El número áureo, 1.618... es una asíntota. Es la no existencia. Es la demarcación, es un límite. Es el vacío. Y en la respiración cósmica, en el proceso de la vida y la muerte, de la inhalación y la exhalación del universo intervienen muchas geometrías, el caos y el orden, simultáneamente. Es complejo pensar cómo puede ocurrir al mismo tiempo el orden y el caos. Sin embargo, cuando lo pensamos con los hemisferios integrados, es posible.

Trascender la ilusión de las construcciones ortogonales implica un trabajo interior de integración del hemisferio derecho y el hemisferio izquierdo del cerebro. Cuando ambos trabajan al unísono, la parte intuitiva y la parte lógica crean una tercera posibilidad: la fractalidad. Físicamente el cerebro tiene la forma de un toroide. Cuando el cuerpo calloso intercomunica efectivamente ambas partes en el centro se anida un toroide mayor. Por eso el cerebro es una antena que si se vacía, como la máxima budista, permite que se aniden campos de resonancia mórfica de un espectro más amplio. No sólo se trata de subir en el desarrollo de las capacidades intelectuales sino de agigantar las posibilidades de conciencia emocional, intelectual, motriz, sexual y espiritual. Esto va moldeando poco a poco el quehacer arquitectónico, el quehacer del diseño hasta que se manifiesta naturalmente.

Después de muchos años de usar el hemisferio lógico y algunos otros de usar el hemisferio intuitivo, por breves momentos hemos visto el flujo natural de la imbricación fractal geométrica. Y lo vemos con el sesgo de nuestro rango de percepción sensorial que configura nuestro propio universo cerrado de estabilidad aparente. Ese universo en el que nos movemos. Eventualmente comprendimos que el vacío solo existe como concepto. Todo es. Todo existe en diferentes grados de vibración y resonancia. Como lo explicamos anteriormente, el mal llamado vacío por la comunidad científica está demasiado provisto de energía.

De esta forma podemos pensar en varios acomodos del mapa para darnos una idea de dónde estamos y por dónde encaminar el diseño. Así han surgido tantos mapas como seres humanos y posibilidades. En la interpretación europea tenemos un arreglo bien conocido de los sólidos platónicos. El tetraedro es el corazón, el elemento fuego. El octaedro los riñones, elemento aire; el icosaedro el hígado, elemento agua; el hexaedro los pulmones, elemento tierra y finalmente el dodecaedro que representa el éter, el akasha.

Sin embargo, hay otras posibilidades y acomodos dependiendo de cada cultura. En la interpretación hindú de los sólidos platónicos el icosaedro es la primera forma, el ser, la esencia divina de todo, representa al padre y después viene la madre representado por el dodecaedro, el cosmos. El tercero que aparece es el doble tetraedro donde aparece la dualidad, el yin/yang. El cuarto en aparecer es el cubo y se entiende como la manifestación de todo en la Tierra. El último es el octaedro y dicen que este es el núcleo de todo, el cristal, la pirámide, Ambos acomodos, el europeo o el hindú, están basados en conceptos, en pensamientos humanos, no en la lógica geométrica de la Naturaleza.

En la visión de arreglo propuesto por el análisis geométrico de la lógica de la Naturaleza, es decir, del acomodo fenomenológico, tenemos que los sólidos platónicos están basados en la contracción. Todos los sólidos platónicos no se pueden considerar espirituales sino materiales o tendientes a la solidificación. Ya que están contrayéndose. Tenemos dos movimientos toroidales la implosión y la explosión. En el lado implosivo o de contracción encontramos la dirección, la presión, la gravedad, aquello que cierra, que crea espacio, que se hace visible. Mientras que en el lado expansivo o explosivo está la succión, levitación, la apertura, lo no visto.

Así que la manera para llegar a obtener todos los sólidos platónicos por contracción es comenzando con el tetraedro, porque es la figura geométrica más simple posible. Y para ello usamos un proceso geométrico que se llama truncamiento. Y toda truncación es una presión, ya sea por empujar un vértice o por cortar un vértice. Todo lo que se contrae se vuelve más pequeño. Si al tetraedro le cortamos la esquinas obtenemos un sólido arquimedeano, el tetraedro truncado, un sólido en transición. Si seguimos cortando las esquinas obtenemos un octaedro. Si al octaedro le cortamos las esquinas obtenemos otro solido arquimedeano, el cuboctaedro, que es una forma de transición. Y si continuo cortando las esquinas se convierte en un cubo.

Lo interesante es que si continuamos cortando las esquinas del hexaedro o cubo se convierte en un octaedro, es la razón por la que uno está dentro del otro, son recíprocos, duales. Así que hasta este nivel nos atascamos. ¿Cómo podemos llegar al icosaedro/dodecaedro? La manera de hacerlo es dejar de empujar o cortar las esquinas y hay que empujar las aristas. Y si empujo las aristas de un cubo obtengo un dodecaedro. Y para obtener el icosaedro tengo que empujar los vértices del dodecaedro. Así que la secuencia geométrica por reducción es tetraedro o fuego, octaedro o aire, cubo o tierra, dodecaedro o éter y finalmente icosaedro o agua. Esta es una concepción basada en la fenomenología, no en conceptos o ideas preconcebidas como correctamente lo apunta el geómetra y artista Chester.

Hasta aquí todo está descrito del lado de la contracción pero en el lado de la expansión aparecen nuevos escenarios. Comenzamos con el tetraedro, el fuego porque es el más pequeño volumen por área de cualquier forma. Para expandir una forma geométrica hay que tomar su arista y abrirla. De tal manera que si abro las aristas de un tetraedro tengo una figura de siete lados. Y lo tengo que abrir hasta 94.8 grados obteniendo una figura, el chestahedro, con 7 caras, 7 puntos, 12 vértices, y un polígono que es la transición entre un octaedro y un hexaedro. Y si veo lo que se forma dentro de esta figura es un octaedro con un tetraedro en una de sus caras. La manera para ir generando expansión es a través de los diedros, el ángulo que forman dos planos. Hasta este punto todos los tetraedros tienen el mismo tamaño. Cuando abro aún más esta forma implota, se vuelve un vacío, y las caras son implotadas hacia el centro. Ahora por primera vez tenemos succión.
El protocolo para hacerlo es mediante los diedros, hay que medir que todos los ángulos sean iguales. Cuando continuo abriendo la figura empiezan las caras a hincharse. Así que hay dos protocolos para hacer estas operaciones geométricas. Una es que tienes que tener el ángulo correcto, y la otra es que los vértices sean iguales. Si continúo con el mismo proceso obtengo un icosaedro, el símbolo del agua y surge una forma: un prisma triangular que tiende al infinito. En el proceso surge el chestahedro que es la geometría del ventrículo del corazón humano.

Lo que esto implica en el mundo espiritual es que tanto el cubo como el dodecaedro no existen. En el mundo espiritual encontramos que todo es triangular, no hay cuadrados ni pentágonos y todos están basados en diedros. En el lado de la contracción de los sólidos platónicos el chestahedro está en el octaedro, no se puede ver fácilmente pero está ahí. También lo podemos encontrar en el icosaedro, en el dodecaedro, cubo y tetraedro. Así que ésta forma de 7 lados, el chestahedro, es el esqueleto tanto del lado implosivo como el lado explosivo.

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