Arqka Arquitectura Biológica y Geometría Sagrada

Extracto del libro "Arqka Arquitectura Biologica y Geometria Sagrada" de Arturo Ponce de León, Ninón Fregoso y Michael Rice" Adquierelo aquí

®Todos los derechos reservados. Autor del documento: Arturo Ponce de León para Arqka México. Colaboración: Ninón Fregoso.Se autoriza la reproducción del material contenido en este sitio siempre y cuando se cite la fuente y se respete la integridad del texto.

Artículo 70: Mandalas de comunidad: Ecovillas Ffractales Intencionales.


Hay algunas muy pocos ejemplos construidos en el planeta de asentamientos humanos diseñados con base a los principios de la Arquitectura Biológica y la Geometría Sagrada. Muchos menos son aquellos que fueron diseñados arquitectónicamente y que funcionen socialmente como una comunidad. Dejemos claro algunos términos. Una aldea es un asentamiento humano que reúne ciertas características de infraestructura, servicios y equipamiento. Una construcción ecológica es aquella que está hecha con los materiales de la zona en la medida de lo posible y tiene un bajo impacto ambiental en el uso de sus recursos.

Una ecovilla es la suma de ambos conceptos, un asentamiento humano arraigado en una construcción ecológica. Si a esto le sumamos el uso de geometría fractal en su diseño tenemos una ecovilla fractal. Sin embargo, surge el componente humano, social. No son ladrillos apilados lo que le da sentido a una aldea sino el quehacer y fin social lo que la determina en su funcionalidad diaria. Y el sentido de una ecovilla fractal no solo es proteger del ambiente y vincularnos socialmente sino generar un despertar de las capacidades acrecentadas de conciencia humana, específicamente las capacidades que le corresponden al intelecto superior, las emociones superiores y las sexualidad superior.

Una ecovilla fractal genera una trascendencia del espíritu humano, y lo logra mediante la anidación constructiva de ondas en patrones geométricos tales que implotan/explotan los toroides del individuo y del grupo. Son espacios que destilan un campo electromagnético coherente, un campo gravitacional poderoso y una visión de conexión del interior y el exterior. En síntesis una utopía momentánea, un sueño colectivo esporádico, difícil de mantenerse en el tiempo. Porque estos espacios cuestionan el orden neoliberal. Lo cuestionan profundamente, cuestionan sus valores, su forma de proceder, sus quehaceres cotidianos. Y estos espacios no son creados por un grupo de seres humanos venidos de otros planetas, son creados por seres humanos cotidianos. La carne y sus necesidades convive con las necesidades y aspiraciones espirituales y esta danza a veces caótica, a veces armónica surgen cientos sino miles de posibilidades de diseño, posibilidades de exploración de la conciencia.

Hay quienes buscan vivir en ecovillas huyendo de la vida conflictiva de las ciudades; hay quienes lo hacen buscando una vinculación emocional de mayores núcleos de intimidad; otros lo hacen por establecer un vínculo con la Naturaleza o por facilitar un estilo de vida más saludable. Pero todos ellos tienen algo en común: son rebeldes. Hay un destello de rebeldía en su espíritu, una rebeldía pacifica que cuestiona la forma de proceder del mundo moderno y busca otras experiencias, otra forma de vivir. No es mejor ni peor: es diferente. Aunque en esa diferencia puede ser igual y puede repetirse, como ocurre en la gran mayoría de los casos, el mismo mundo del que se huía peor magnificado en sus aspectos positivos y negativos. Así que crear una aldea con amigos, familiares o desconocidos es una experiencia tan única y particular como hojas en un árbol. Todas son diferentes aunque cumplan con un patrón base.

Hay ejemplos gloriosos de comunidades en resistencia que se agrupan con fines muy específicos como es el caso de comunidades en pro de la naturaleza o comunidades espirituales o comunidades para prácticas de artes marciales por decir algunas. Todas ellas son el eje medular para construir una ecovilla fractal. Tiene que haber una dirección, un eje en torno al cual se gira, un vacío, un punto de implosión/explosión en torno al cual se anidan toroides. Si no existe este punto de base no es posible generar comunidad alguna. Y este punto central tiene que existir en todos los ámbitos, en el terreno de lo real, de lo simbólico y de lo imaginario. A veces este punto central es una persona, una pareja, una doctrina, una filosofía de vida. Pero tiene que existir algo que cohesiones, que le dé sentido, que una a los integrantes. De estar ausente, todo intento de congregación se verá frustrado. Cuando los caminos divergen sobre la dirección a la que hay que seguir las personas por lo general se frustran, y con la frustración viene el enojo y el desencantamiento. Evitar este proceso es posible. Porque estas comunidades son intencionales.

Existen por una intención de trascendencia. A diferencia de vivir en una ciudad donde los asentamientos son generalmente por satisfacer necesidades económicas, laborales, de comida y lujos; una comunidad intencional se forma en el tiempo y en el espacio con una clara determinación de explorar un aspecto o rasgo de la conciencia humana. Puede ser tan diverso y complejo como se piense. Y en los casi veinte años que nos hemos dedicado al estudio de la Geometría Fractal hemos visto y sabido todo tipo de peripecias humanas.
La frase “nos reunimos con buena intención pero con mala puntería” es sinónimo de un proyecto fallido. Una ecovilla fractal intencional reúne esos cuatro aspectos. Es ecológica en el etimológico sentido de la palabra, es decir, utiliza una economía basada en los recursos de los que dispone; es fractal, porque está diseñada con los principios de la Geometría Sustentable y la Arquitectura Biológica; es intencional porque tiene un punto de implosión/explosión, un punto cero el cual permite gravitar un sin número de aportaciones humanas, energéticas y carnales.

Y hay muchas expresiones de asentamientos humanos que cumplen con tal o cual cosa, pocos que cumplen con los cuatro criterios. Porque es complejo y no es cómodo. Es más fácil aglutinarse y seguir el proceso de urbanización propio de nuestro tiempo. Hoy en día aproximadamente la mitad de la población mundial vive en asentamientos urbanos, la otra mitad vive en el campo. Y este proceso de gravitación en torno a las ciudades se incrementa cada año.

Cada vez más personas quieren vivir en las ciudades, la migración es brutal. Es fácilmente comprensible ya que en las ciudades se dispone de mayores recursos en servicios, equipamiento e infraestructura. Es el sueño de la modernidad con su espejismo de desarrollo porque esta modernidad implica la sustracción de recursos no renovables para el resto del planeta. Es insostenible en los años venideros ya que el nivel de consumo es mayor al nivel de producción.

Esto en algunas décadas generará la búsqueda de alternativas, ahí entra la concepción y la conciencia de construcción de ecovillas fractales. Ahora no es tiempo aun ya que la conciencia humana tiende a gravitar hacia las ciudades pero cuando estas sean insoportables por la baja calidad de vida (de qué sirve tener tanta acumulación de capital bajo el detrimento de la salud) las personas buscaremos crear en el campo deshabitado estas comunidades. Para ellos escribimos esta visión. Se han intentado en todo el planeta hacer proyectos con estas características, sin embargo, la gran mayoría de ellos han fallado porque la conciencia humana en el nivel que tenemos ahora tiene otras prioridades. Quizás con el surgimiento de la tecnología gravitacional este proceso se facilitara.

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